Cuando todo falla…, está la Cultura

En estos tiempos de recortes hemos podido experimentar en nuestras carnes, todo aquel que se dedica a este mundo de la Cultura y su difusión, lo profundo que puede llegar a ser el tijeretazo o la frialdad del congelador en el que se guardan gran cantidad de proyectos. La Cultura parece ser demasiado cara e innecesaria si es el primer apartado presupuestario en atajar, sino no se explica el modo tan virulento en el que se han ensañado las distintas administraciones desde el inicio de esta maldita crisis. Que nadie quiera ver en este texto un ataque a unos colores políticos, sino a una mecánica apartidista que se pone en marcha de forma periódica en los momentos de recortes presupuestarios. Ya sea por la decisión de abrir la tijera o por el silencio cómplice de los presentes, que mantienen la respiración por si les toca a ellos el calculado tajo, nadie se puede quitar de encima la culpabilidad de lo que está sucediendo en la actualidad.

De este modo hemos visto de forma clara como ante los primeros indicios de complicaciones presupuestarias yacimientos arqueológicos, museos o proyectos de investigación se han quedado en el punto muerto al retirar la administración su apoyo económico. Aquellos sitios en los que verano tras verano políticos de todos los colores desfilaban para hacerse la foto de rigor ante el descubrimiento del año, del siglo o del milenio ahora no son más que un problema. En la Comunidad Valenciana hemos asistido este año a espectáculos realmente bochornosos, con campañas arqueológicas suspendidas por la falta (ausencia) de presupuesto, ayuntamientos, como el de Villena, que se negaban a acoger a los estudiantes que de forma gratuita iban a realizar prácticas arqueológicas a la localidad, campañas de un mes sufragadas por 1000 €, y un largo etc. En este mismo blog nos hemos hecho eco de todos estos casos y nos hemos lamentado de la situación que se está viviendo.
En Castilla la Mancha, por poner otro ejemplo, el escenario no es mucho mejor. Después de 25 años (o más) de inversión pública en la excavación, investigación y musealización de varios yacimientos arqueológicos para su promoción como Parque Arqueológico la administración, ante la primera amenaza de zozobra, decide dejar su gestión en manos privadas. Es decir, justo en el momento que se crea una infraestructura estable, a costa del erario público, se cede su explotación al mejor postor. Por no hablar de las excavaciones que no consiguieron promocionar a Parque Arqueológico (y no precisamente porque fuesen yacimientos que ofreciesen peores resultados), han caído en el olvido, en la falta de mantenimiento y por tanto a la ruina.
En Andalucía hace poco también nos hicimos eco del estado en el que se encuentra el Museo Arqueológico de Sevilla. Estamos ante el Museo Provincial insignia de toda Andalucía, pero la desidia de la administración ha dejado anclada a la institución en el siglo XIX, con una ausencia casi total de seguridad en las salas e incluso el desprendimiento de elementos arquitectónicos del edificio en el que se alojan los fondos. Algo realmente deleznable. 
Podríamos seguir enumerando casos durante párrafos y párrafos pero no haríamos más que aumentar el cabreo que nos envuelve por el tema. El problema de todo esto es que los años pasan, y tras tanto recorte y situaciones espasmódicas no parece que la situación amaine. Y tras haber sufrido numerosos recortes en nuestra Cultura y dejar en el paro a multitud de investigadores, a ciudadanos que trabajaban ya no solo como técnicos en excavaciones sino también como peones especializados, la situación está muy lejos de volver al punto de partida. Son multitud las localidades de España que habían invertido durante décadas en yacimientos arqueológicos o sitios con un potencial patrimonial, que habían convertido su apuesta en el motor económico de la localidad. Ya no por el atractivo de lo puesto en valor sino por la continua fuente de trabajo en la que se había convertido, frenando en muchos casos un éxodo rural que amenazaba con despoblar muchas localidades. Pero todo eso sufrió un frenazo, y para mejorar nos dijeron que era preferible congelar ese proyecto, esa ilusión. Pero no ha mejorado.
¿A alguien se le ocurre alguna otra fuente económica más limpia que la expuesta? Tu localidad posee un sitio patrimonial potencialmente explotable; contratas a población de la propia localidad (cualificados y no cualificados), inicias su musealización y puesta en valor; potencias tu propia localidad como foco de atracción turística debido al elemento puesto en valor, además de convertirse en un centro de atracción para investigadores y desarrollo local. Esto que aparentemente es tan difícil de apreciar desde la administración parece ser que en los últimos meses ha empezado a calar en algunas localidades. Probablemente estemos ante un espejismo, pero resulta como mínimo esperanzador.
El primer caso lo encontramos en Extremadura con la aprobación de un Taller de Empleo especializado en arqueología, potenciando así un proyecto que había entrado en vía muerta con los susodichos recortes. Los Talleres de Empleo, ya lo hemos comentado en otras ocasiones, son una herramienta extraordinaria para potenciar un proyecto cultural en una localidad puesto que se nutre de vecinos de la localidad, se les da la cualificación profesional correspondiente y a la vez se contribuye a la puesta en marcha de un proyecto. Desde luego esta puede convertirse en una salida idónea paras las localidades que quieran potenciar un sitio patrimonial y apostar por una economía sostenible y realmente rentable.
El segundo caso lo encontramos en Castellón, concretamente en el Tossal de la Vila (Serra d’En Galcerán) donde las distintas administraciones han decidido recuperar un yacimiento que también se encontraba en punto muerto. En este caso han apostado por una vía mixta, implicando a la población donde se encuentra el yacimiento, a la Diputación y a la Universidad, que aporta estudiantes en modo de arqueólogos en prácticas. Tenemos por tanto un centro de formación a técnicos especialistas, una fuente de empleo local y la potenciación de un foco de rendimiento económico con coste realmente bajo. 
Otro caso que no quisiéramos olvidar es el de Alfaz del Pi, concretamente el de la Villa romana de l’Albir, donde han aplicado el segundo modelo comentado y los resultados están siendo más que extraordinarios. La localidad se ha convertido en los últimos años en uno de los focos de turismo cultural con más actividad de toda la provincia. Y a esta inversión le sigue una afluencia realmente extraordinaria de turistas a la localidad, algo de lo que dan buena cuenta comercios y negocios hosteleros de la localidad alicantina.
Por tanto, nos encontramos en un momento crucial, en el que la administración tiene en su mano dejar morir a la Cultura y por tanto a un modo de turismo muy poco explotado en las localidades con gran afluencia turística. Además, como hemos demostrado, estas fuentes potenciales de turismo cultural son potenciales centros de formación técnica, especializada y vivero de investigadores. La inversión es realmente mínima en comparación con el rendimiento económico que puede tener sobre la población local, algo excelentemente contrastado en localidades como Alfaz del Pi. En estos momentos en los que parece que toda opción de salvar la situación ha fallado nos queda la Cultura. La Cultura, esa que en los inicios de la caída al pozo descartamos ahora puede convertirse en nuestra cuerda de salvación. 

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