La Historia que nos gusta

Hace unos días me encontraba hablando con un amigo y profesor universitario de Historia Antigua. Con motivo de un ciclo de conferencias que se centraban en la vida cotidiana y el comercio en época romana le habían encomendado la inestimable misión de hablar sobre un tema a priori simpático y ameno: la vida cotidiana a mediados del siglo I d.C. Ya saben, esplendor del Imperio romano, el “declive” de la primera dinastía imperial, los Julio-Claudios, etc. Además debía enmarcarse la charla en las producciones cinematográficas, es decir: cómo vivían los romanos a mediados del siglo I d.C. según el cine y la televisión. Entretenido, ¿verdad?
Tras un primer barrido documental nos dimos de bruces con la realidad: matanzas de cristianos, emperadores locos e intrigas palaciegas. A excepción de alguna serie reciente, como es Roma de la ABC, el resto de producciones se concentraban concienzudamente en la tríada temática señalada. 

La historiografía anglosajona, la que normalmente es usada de marco para enunciar gran parte de las producciones cinematográficas de época, basan su argumentario en un autor que resulta de lo más suculento: Suetonio. Este autor latino, que desarrolló su vida literaria a finales del siglo I d.C. e inicio del siglo II d.C., tiene como obra magna La Vida de los Doce Césares, obra inestimable a partir de la cual tratamos de imaginar cómo fueron y qué hicieron los primeros emperadores de Roma. Pero si alejamos mínimamente el zoom de la Historia podemos ver que este autor escribió ese retrato de los emperadores Julio-Claudios durante el reinado de la siguiente Dinastía imperial, los Flavios, que de algún modo debían justificar, en primer lugar su superioridad sobre la anterior dinastía y en segundo lugar sobre saltar los defectos que precipitaron el final de la prole Julio-Claudia. En resumen, algo así como pedir a Stalin que nos retrate la vida de los presidentes de EEUU. 
Pues bien, sobre estos argumentos se fundamenta en gran medida la imagen que se ha tratado de trasladar al imaginario popular de una Dinastía como los Julio-Claudios. Como se podrán imaginar a estas alturas, y teniendo en cuenta que en gran medida estas fuentes nos han llegado gracias a los copistas medievales, la descripción de Suetonio viene que ni pintada para la escolástica tradicional. Un emperador degenerado por aquí, un asesino de cristianos por allá y para poner ambientación, unas notas de lira para contemplar Roma en llamas.
A todo esto hay que sumar la continua producción documental que nos llega desde EEUU e Inglaterra sobre la época y la imperante necesidad de hacer libros que cuenten la Historia de la Humanidad en 100 páginas, y a modo de anecdotario, no vaya a ser que se canse el personal. De este modo creamos un caldo de cultivo casi imposible de variar y totalmente arraigado en el imaginario popular y pseudo-científico. 
No es nuestro propósito pararnos a analizar figuras como la de Nerón, Tiberio o Calígula, pero el daño que ha realizado la bibliografía y Hollywood sobre estos personajes ha afectado claramente a la concepción de la realidad que podamos tener a la hora de acercarnos a ese primer siglo. La arqueología y posteriores estudios de conjuntos nos han dado una idea bien diferente de lo que significó el reinado de estos emperadores para el bien de Roma y del Imperio. Los datos macro económicos y el estudio de casos particulares dentro del Imperio nos muestran una fotografía de un gobierno bien elaborado, una administración extraordinariamente coordinada y un poder central realmente consciente del funcionamiento global del Imperio. Episodios puntuales han sido llevados al extremo y enarbolados hasta el extremos de llevar a mucha gente a preguntarse cómo era posible que Roma no se hubiese hundido en el siglo I d.C.
Solo pretendo que hagan un ejercicio de reflexión interna. Si en la actualidad un millonario es capaz de llenar su casa de cabezas de animales o colgar un Miró en el cuarto de baño, ¿qué no es capaz de hacer un Ser Humano al que se le concede el poder absoluto? Con esto, evidentemente, no trato de excusar comportamientos, simplemente que nos cuestionemos o relativicemos aquellas historias que nos han contado de forma reiterada sobre determinados personajes. A estos sumemos el objetivo propagandístico con el que se redactaron escritos como el relato de Sueotonio y tendremos el primer peldaño al que subir para tomar algo de perspectiva. 
Les propongo un ejercicio de entretenimiento, investiguen y traten de extraer conclusiones ¿qué argumentos directos tenemos de matanzas a cristianos en Roma? ¿de qué forma nos han llegado esas noticias? ¿quién las ha contado? Aparentemente sencillo, ¿verdad? Adelante.
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