El barco fenicio de El Bajo de la Campana

En nuestra reciente visita a Cartagena, concretamente al ARQUA, hemos podido disfrutar de algunas piezas recientemente restauradas procedentes del pecio fenicio El Bajo de la Campana, fechado su hundimiento a finales del siglo VII a.C. Aunque dentro de los registros no será uno de los barcos rescatados más espectaculares, hay que recordar el magnífico estado de conservación que presentaba el Mazarrón II, si que su cargamento resulta especialmente revelador. 
Dentro de sus bodegas observamos tanto materias primas como objetos elaborados, ambos, elementos que eran utilizados en el comercio e intercambio no solo en la Península Ibérica, sino en todo el Mediterráneo. Su contenido nos habla de un momento de cambio en el Mediterráneo, de los cimientos de un nuevo modo de intercambio, de una nueva sociedad y de una nueva economía. Conoce más a continuación sobre este espectacular hallazgo.

Entre estas materias primas destacaban los cerca de 60 colmillos de elefante, algunos de ellos incluso con textos labrados, aunque sin duda alguna su objetivo era el aprovechamiento de este material para la elaboración de figurillas, placas para mobiliario, exvotos u objetos decorativos personales. Este material, el marfil, era altamente apreciado en el Mediterráneo por el aspecto suntuoso que proporcionaba a muebles o piezas de valor religioso. A esto le acompañaba, por supuesto, un amplio repertorio de metales muy utilizados en la época, como lingotes de cobre o estaño, fundamental para fabricar objetos de bronce. Dentro del grueso de la mercancía también se observaban alimentos, como piñones y por supuesto el vino, contenido en ánforas de todo tipo: orientales, occidentales y del Mediterráneo central. 
Este conjunto nos explica detalladamente el modo de comercio fenicio que desde el siglo VIII a.C. dominaba el Mediterráneo: un barco iba recorriendo la costa Mediterránea y mediante intercambio iban recogiendo materias primas o alimentos apreciados en otro punto para poder intercambiarlo a su vez por elementos aun más apreciados. La cultura fenicia entretejió una enorme red comercial, pero también cultural, por todo el Mediterráneo, uniendo oriente con occidente a través del comercio, inoculando con ello fórmulas culturales, sociales y religiosas de un extremo a otro.
Pero sin duda alguna esto queda meridianamente claro en un grupo de piezas también rescatadas de las bodegas de El Bajo de la Campana: un altar de piedra, un lecho de bronce para banquetes, además de varios elementos suntuarios que hacen referencia al culto de Astarté. A esto le acompañan quemaperfumes con el rostro de la divinidad y ungüentos destinados a su culto, con casi total probabilidad. Es decir, al intercambio meramente comercial, iba parejo la inoculación de un comportamiento social y religioso que acabaría por cambiar los hábitos de las elites locales en la Península Ibérica, algo que provocaría un cambio en las demandas alimenticias y materiales. Las elites locales asumirían por tanto el culto a una divinidad exótica, y para sus ceremonias adquirirían tanto mobiliario (el altar y el lecho), como nuevos hábitos alimenticios (vino, piñones, etc.), modificando así tanto su dieta como sus modos de relacionarse. Esto, como suele ser habitual acaba impactando en las clases bajas por imitación, estableciéndose a medio plazo un cambio sin retorno en la sociedad.
También resulta realmente interesante el juego de pesos que se halló en el cargamento del pecio, algo que también nos está hablando de la estandarización de pesos, algo fundamental en el intercambio comercial de materias primas. De ahí que los fenicios cambiarán de forma definitiva el panorama social, económico y religioso en el Mediterráneo, alimentando por un lado unas necesidades comerciales, fomentando una nueva demanda, y por otro lado introduciendo una estandarización necesaria para un comercio “más equitativo”. 
Todo esto nos debería llevar a muchas reflexiones, pero querría terminar este breve texto con una que tal vez se nos pase por alto: imaginad la cantidad de reflexiones que se pueden extraer a través del análisis de un solo pecio. Lo cual nos debería hacer recapacitar sobre la cantidad de información que hemos perdido o estamos dispuesto a perder ante el expolio, cada vez más habitual, de piezas y conjuntos arqueológicos. Ese yacimiento expoliado o ese pecio saqueado podría ser la respuesta a preguntas que nos llevamos haciendo desde hace décadas a cerca de nuestro pasado o temas fundamentales de nuestra sociedad. Por suerte, el pecio fenicio de El Bajo de la Campana se rescató a tiempo.
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