A vueltas con la tumba perdida

Hace unos días leí perplejo, y porque no decirlo, con cierto sonrojo, que andaba un equipo buscatesoros-arqueólogos-aventureros buscando la “tumba perdida” de Gengis Kan. Pero no era una búsqueda como la que Usted y yo podemos hacer, no. Con satélite y todo. Si, como se hacen las buenas búsquedas. El proyecto, encabezado por National Geographic “se está volcando en la tecnología del siglo XXI”, rezaba la noticia, y presentaba unas cifras para acrecentar la estupefacción. Agárrense los machos: “más de tres años de trabajo que han producido 30.000 horas y generado dos millones de posibles objetivos a excavar. Ahora ese trabajo ha concluido y peinando todo ese material, el equipo de Lin [así se apellida quien encabeza la búsqueda] ha reducido a 100 los posibles lugares que los satélites muestran y esa cifra se ha convertido ya en 55 anomalías arqueológicas”.

El Sr. Lin, que no ha podido resistirse a hacerse la fotografía de turno montado a caballo en la estepa mogola, ya se le ha etiquetado como el “Indina Jones moderno”. El Sr. Lin equipado de pico y pala, o tal vez de un láser fulminador de tierra o con un satélite de bolsillo se ha embarcado en la excavación de estos 55 yacimientos. Alguno será, seguro que piensa el Sr. Lin. Sino es así no sucede absolutamente nada. Tendremos 55 yacimientos agujereados, convenientemente perforados en busca de la “Gran Tumba”, aunque lamentablemente huérfanos de documental, primera plana o seguimiento masivo en Internet.

retrato Gengis Kan

No se engañen, esto no es Ciencia, no es Arqueología y por supuesto no es Historia. Es la historia mil vez veces contada del buscatesoros sin ética ni moral. Alguien que busca la portada de turno y que en ningún momento se ha planteado qué es la Historia y qué tratamos de responder con la excavación de un yacimiento arqueológico. No se dejen engañar por titulares, busca tesoros y modernos Indiana Jones que tienen como premisa la “Gran Búsqueda”. No hay ninguna diferencia entre este tipo de personajes y un ladrón, un “huaquero” o un expoliador, todos persiguen lo mismo. Algo primario, casi instintivo, vender un cadáver al mejor postor. El señor Lin no estudiará los 55 yacimientos agujereados para tratar de hacer una rigurosa lectura histórica sobre el funcionamiento de la sociedad mogola, su economía y relaciones comerciales. No. Busca el muerto.

Pero no se rompan Ustedes la camisa. La responsabilidad no es solo del Sr. Lin. Es de nuestra sociedad, de la necesidad diaria por buscar un cadáver que vender, que colgar en el muro de Facebook y la apremiante necesidad por la tan mitifica “Gran Búsqueda”. Todo eso no tiene nada que ver con la Historia y la Arqueología. Recapaciten y piensen durante un instante qué aporta esa “Gran Búsqueda”, porque ya les adelanto el resultado y conclusión de tan moderno estudio: Gengis Kan murió.

 

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