La Barba de Tutankamon

A estas alturas imagino que todos los lectores ya sabrán a lo que nos referimos con el título “La Barba de Tutankamon”. Poco más podemos añadir a todo lo que se ha dicho y se sabe: tras haberse desprendido la barba de la famosa máscara de Tutankamon, alguien del personal del Museo Arqueológico de El Cairo no dudó en reparar el entuerto. Ignoramos la voluntariedad, protocolos y circunstancias que llevaron al personal a lo que sin duda ha sido la bochornosa imagen de los últimos días. Desde luego no entramos aquí en lo idóneo de la intervención, pero si nos interesa ahondar en uno de los argumentos que han surgido de forma paralela a la polémica.

Empiezan a levantarse voces que ponen en duda a las instituciones egipcias de conservación y en algunos foros hemos podido oír voces con comentarios que vienen a reclamas aquellas piezas que consideramos propiedad de la Humanidad por su singularidad hacia países que de forma contrastada garantizan la óptima preservación de estos bienes. Las recientes “revoluciones”, movimientos bélicos en todo el Próximo Oriente y los gestos de agresión iconoclasta por algunos movimientos violentos de la zona han alimentado de forma importante a esta corriente de opiniones.

barba tutankamon

Desde luego debemos analizar con cuidado estas posturas, probablemente ventajistas, que tratan de exprimir situaciones límite para acabar de vaciar las vitrinas que se han salvado a lo largo de siglos de expolio. No deberíamos tomar a la ligera el esfuerzo que se hace desde determinados países por preservar el ingente patrimonio que atesora, esfuerzo redoblado si tenemos en cuenta los niveles socio-económicos que allí habitan. Evidentemente no hablo de indulgencia y por supuesto no llamamos desde estas líneas a rebajar el tono crítico hacia determinadas intervenciones, pero si a meditar la forma en que de manera transversal se quiere aprovechar lo que es un lamentable error.

Son muchas las ocasiones en las que hemos podido oír como se esgrime un argumento que resulta cuanto menos curioso cuando determinados países reclaman piezas expoliadas durante momentos del pasado: gracias a ese expolio hoy día pueden contemplarse. Esa misma lógica, arribista sin duda, puede ser realmente endemoniada puesto que tiraría por tierra las reclamaciones de muchos países europeos que también fueron expoliados durante la Segunda Guerra Mundial para pasar a enriquecer los fondos de museos rusos y estadounidenses. A estas alturas creo que nadie en su sano juicio se atrevería a negar que cualquier pieza artística es disfrutable en su “máxima extensión” dentro de su contexto, en el marco que le llevó a su creación. No entraremos aquí en el debate de la devolución de los bienes expoliados en el pasado, pero desde luego lo que no haremos será abogar por incrementar el expolio en post de un paternalismo “primermundista” cargado de una lógica realmente endemoniada.

Debemos comprender en todo momento la situación que “flota” a determinadas instituciones y hacer de la crítica un elemento constructivo a la hora de exigir rectitud en las intervenciones. El lamentable episodio de la barba de Tutankamon no es más que el reflejo de una situación social, política y económica de un país. Insistimos. En absoluto pedimos desde estas líneas excusar la intervención, pero si pedimos recapacitar el juicio y conclusiones que podemos extraer de este lamentable incidente.

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