Altamira: Ciencia, Política y Asco

En los últimos días hemos asistido a una polémica que abre una puerta realmente peligrosa en cuanto al futuro de nuestro Patrimonio y su disfrute. Tiene que ver con la famosa Cueva de Altamira y ese peligro constante e incesante que amenaza su estado de conservación.

Tras un largo periodo cerrado al público por el peligro que entrañaban las visitas a la conservación de las pinturas el año pasado se decidió reabrir, compatibilizando la visita a los restos antiguos con la conocida neocueva que había servido durante más de una década de forma totalmente satisfactoria. Esta neocueva, reproducción exacta de la cueva original, posibilitaba, y lo sigue haciendo, que se pueda disfrutar de estas espectaculares pinturas sin poner en peligro las originales. Esta solución se ideó hace unos 12 años cuando se decidió el cierre de la cueva al público, pero pasado este tiempo, en 2014 se reabrieron de nuevo permitiendo que grupos de 5-6 personas semanalmente pudiesen acceder. Ahora, con una decisión sin precedentes y sin contar con la Comunidad Científica, el Patronato que vela por la conservación de las pinturas ha impuesto su apertura indefinida.

altamira

La primera vez que se contempló el cierre de la cueva de Altamira fue en los años 70, cuando no había ningún tipo de control sobre el flujo de visitantes y un equipo del CSIC determinó tras un  riguroso estudio que estábamos perdiendo a pasos de gigante los restos pictóricos. De forma progresiva se fue controlando el número de visitas y este equipo del CSIC fue “tomando la temperatura” periódicamente a las pinturas llegando a afirmar que incluso el paso de una sola persona afectaba al microclima que permitía la conservación de la cueva.

A todos sorprendió la decisión tomada por el Patronato de la Cueva de Altamira, que decidió el año pasado la reapertura para grupos reducidos, algo que desde el principio se vio con recelo desde la comunidad científica puesto que esta decisión ni mucho menos respondía a un clamor popular. De hecho, dicho Patronato, para poder argumentar la reapertura no recurrió al equipo que durante más de 20 años estudió el estado de conservación de la cueva, sino que procuró la búsqueda de un grupo que garantizase la reapertura. Por tanto, hemos de ver en este movimiento y decisión no una motivación altruista y desinteresada, sino que probablemente nos lleva a un camino que muchos conocemos y donde se mezclan intereses que poco tienen que ver con la Ciencia y la Historia.

La última reapertura hizo oídos sordos al estudio publicado en Sciencie que concluía con una frase bastante rotunda y clara: “Si la cueva se reabre al público, la continua entrada de visitantes podría causar un incremento de temperatura, humedad y dióxido de carbono en la Sala de Polícromos, reactivando la condensación y la corrosión de la roca”. En el mes de enero el Departamento de Prehistoria de la Universidad Complutense elevó un informe, que podéis leer en el siguiente enlace, contradiciendo las conclusiones a las que había llegado el informe patrocinado por el Patronato. A pesar de la llamada de atención a la UNESCO esta respondió como lo suele hacer, con paños calientes y con un más que políticamente correcto, “seguiremos el asunto de cerca”. Imaginamos que tan de cerca como otras muchas catástrofes que está sufriendo el Patrimonio mundial.

Como muchos sabrán, las pinturas conservadas por el momento en Altamira solo son comparables a otros dos casos franceses, Lascaux y Chauvet, que hoy día se encuentran cerradas por los mismo argumentos que llevaron a cerrar las de Altamira. En concreto Chauvet nunca ha estado abierta al público desde su descubrimiento en 1994, contando ambas con una neocueva que reproduce miméticamente los restos pictóricos para que puedan ser contemplados sin poner en peligro los originales.

El gran público comprende mucho mejor que nuestra administración la necesidad de preservar una cueva de tanta importancia como la de Altamira, de hecho este Patronato que trata debe velar por la preservación de las pinturas que le dan nombre no debería seguir ni un minuto más funcionando. Un Patronato que al parecer se hereda de padre a hijos, formado por banqueros, hijos de banqueros y políticos de todos los colores y pelajes no velarán nunca en pos de la preservación de los restos sino para colocar su sello, cartel publicitario o fotografía de turno sobre uno de los famosos bisontes.

Resulta insoportable e indecente ver como una y otra vez se desestima el conocimiento científico y el funcionamiento de la ciencia: un estudio no tiene validez si no se ha contrastado científicamente, sino ha sido discutido por la comunidad científica. Si no ha sido así el estudio patrocinado por el Patronato tiene tanta validad como los estudios que esgrimen algunas presentadoras afirmando que el roce de un limón previene el cáncer. La clase política española, inculta y analfabeta, no antepondrá nunca la ciencia a sus necesidades carnívoras. Asco. Y más asco.

 

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