El Patrimonio como amenaza

Imaginamos que todos tenemos un modo a través del cual expresar nuestras frustraciones y mosqueos. Nunca hemos querido utilizar estas líneas para trasladar a nuestros lectores aquellas noticias que nos revuelven el estómago, pero si hemos querido trasladar siempre nuestro mal estar por la concepción que tienen algunos sectores de nuestra sociedad respecto al Patrimonio. Vaya por delante que las líneas que escribimos a continuación no son una enmienda a la totalidad ni trata de ser un ataque frontal al gremio periodístico, formado por personas, y como parte del género humano los hay más capaces y menos capaces.

Pero lo que si acaba siendo un medio de comunicación es una ventana a través de la cual vemos nuestra sociedad y por tanto también un espejo en la cual el lector se puede ver retratado. Toda esta introducción nos sirve para ilustrar un titular que pudimos leer hace unos días y rezaba de la siguiente forma: Una alfarería romana amenaza el nuevo trazado de la carretera de Sant Joan. Aunque le hemos dado alguna que otra vuelta al titular, aun no acabamos de entenderlo, y es que no sabemos si el señor alfarero romano se enfadará por la nueva carretera o si será necesario encauzar por la vía administrativa la decisión del romano de turno al haber construido su negocio en mitad del trazado viario planteado. Analicemos, pues, la situación.

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Al margen de la punta que le queramos sacar al titular esto no es más que el reflejo de un sentir ¿general?, a través del cual parte de nuestra sociedad ve el Patrimonio como una seria amenaza al desarrollo urbano, social y económico de una localidad o región. Incluso iremos más lejos, esa amenaza no se ve tanto en el Patrimonio en si, sino en la defensa que se hace de este, esencialmente porque por si solo no es capaz de defenderse.

La travesía por el desierto que estamos cruzando debido a la nefasta crisis económica nos había permitido extraer alguna que otra conclusión positiva. Esta conclusión o hipótesis (errada, me temo) depositaba la esperanza en una reflexión: el Patrimonio como valor fijo (su precio no fluctúa como el de una hipoteca) puede convertirse en un motor económico para una localidad si su puesta en valor se afronta desde una reflexión racional y una divulgación encajada dentro de una viabilidad sostenible.

Pero en estos días la esperanza en esta idea se ha esfumado. Lamentablemente aun están los que levantan la voz en contra de la protección del Patrimonio, desde el político de turno, el promotor y el espectador que observa tras la valla. Siguen tachando la protección del Patrimonio como un snobismo, como fetichismo o como un capricho solo sostenible por la subvención pública. Más allá de la utilidad que pueda tener la excavación de un yacimiento arqueológico o el estudio del Patrimonio dentro de los estudios históricos, suponemos que algo secundario para las “partes interesadas”, los datos económicos deberían hablar solos.

Casos paradigmáticos son los de Cartagena y Segóbriga, el primero en un entorno urbano y cosmopolita y el otro en las antípodas, una zona rural. En ambos casos el Patrimonio y su puesta se ha convertido en un motor económico que ha dinamizado la sociedad y su riqueza. Una buena planificación y la atracción de inversores han creado una dinámica que ha hecho posible la renovación del modelo económico tradicional, claramente en crisis, por otro que ha permitido ampliar el sector de servicios. Evidentemente la excavación y puesta en valor de un yacimiento arqueológico debe ir siempre paralelo a un plan de viabilidad que garantice un trabajo no dependiente de legislaturas políticas, algo que en muchas otras ocasiones han sido la piedra de toque donde han muerto multitud de proyectos.

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Esto debería hacer ver a cualquier espectador al Patrimonio como una oportunidad, una puerta abierta hacia nuevas expectativas y un foco de luz en el conocimiento de la sociedad en la que vive. Convertir al Patrimonio en una amenaza y verlo como un peligro nos lleva a razonamientos ideológicos muy cercanos al nefasto espectáculo que hemos podido ver hace unos días en Italia con la visita de una delegación iraní.

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3 responses to “El Patrimonio como amenaza

  • pabloaparicioresco

    Hace poco estaba escribiendo un artículo llamado “La arqueología mercenaria en España: neoliberalismo, precariedad laboral y mercantilización de la Historia” y justamente reflexionaba sobre este tema.

    Es otro más de los síntomas de una mentalidad que pone por delante de todos el beneficio económico, la “rentabilidad” entendida solo en términos monetarios. Es por eso fundamental concienciar y educar para que se cambie el chip y entendamos que los beneficios y rentabilidades deben ser variados: económico, sí, pero también social, cultural, etc. Solo así comprenderemos que, aunque el hallazgo de un yacimiento durante unas obras suponga el retraso de la construcción de turno, significa también un emocionante y enriquecedor aumento del conocimiento que tenemos sobre el terreno, sobre la región y sobre nuestros antepasados.

    Creo que para que la gente aprecie este enriquecimiento social y cultural es fundamental llevar a cabo políticas de arqueología pública y de arqueología en directo que impliquen directamente a los territorios en la gestión, conservación y difusión de su patrimonio. De este modo, las gente será la primera que verá esos hallazgos en construcciones como interesantes oportunidades para crecer en todos los sentidos -no exclusivamente en el económico, que también-.

    ¡Un saludo!

  • ohrmizd

    Realmente, la frase “una alfarería romana amenaza a una carretera” podría ser el título de un poema de Artaud. Y sería de carcajada si no estuviera escrita siguiendo una tradición periodística que de tanto ser usada se ha convertido en comodín; lo mismo que “escena dantesca”, “tragedia sin precedentes”, o “los niños son el mañana” (como si hoy no fueran aun personas vivas), etc. Esta tendencia a repetir tópicos sin pensar en lo que realmente significan tiene en asuntos relacionados con el patrimonio, el arte, la arqueología, la historia… algunas de las implicaciones más sangrantes. Sobretodo porque el poder político de toda índole y sus bien pagados guiñoles culturales tirarán de éste y de todos los conceptos tóxicos posibles para que NADIE cuestione su discurso y crea lo que les sea conveniente que creamos. Conozco eso como un cirujano. Soy Catalán, y lo que está pasando aquí en relación a estos temas es algo abominable. Siempre he investigado de manera desapasionada ideologicamente, y he intentado siempre diferenciar lo científico de lo político. Y la verdad es que el resultado de mi empeño, siempre refiriéndome a casos en Cataluña (lo recalco porque no puedo hablar con propiedad fuera de este ámbito, y porque nadie piense que elevo a universal mi discurso personal) digo, el resultado, lo que he encontrado ha llegado a afectar a mi salud.

    • gerionhispania

      Esclarecedora reflexión; no debería servirle de consuelo, pero la situación que vive Cataluña en este terreno es similar a la que viven muchas otras zonas, no solo de España, sino de Europa entera.
      En cuanto a lo que comenta al inicio, desde luego, es para reflexionar ese tipo de muletillas cargadas endemoniadamente.
      Un saludo.

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